viernes, 25 de septiembre de 2009

Algo más que estrés


Cuando estamos pasando por momentos de mucho estrés, es importante reconocer cuáles son nuestras tendencias genéticas. Algunas de estas predisposiciones biológicas de nuestro sistema nervioso pudieran complicarnos más el escenario del diario vivir. Se generan reacciones químicas que aumentan el nivel de estrés y afectan la capacidad de  pensar con claridad en alternativas y soluciones. Una de estas tendencias es la ansiedad que está relacionada con sensaciones de angustia y preocupación excesiva. Ella es parte normal de las emociones humanas ante situaciones nuevas y desafiantes.
Esta química especial de "alerta amarilla leve" es buena cuando en eventos fuera de lo común nos da energía para afrontar esos retos. Sin embargo, se vuelve problemática cuando vivimos crónicamente con una sensación difusa de angustia, amenaza o miedo generalizado.  A la tendencia biológica química se añade la forma en que interiorizamos y confrontamos los problemas de cada día. Interactúan los pensamientos negativos cargados de preocupación que alteran más la química del cuerpo, que a su vez se tensa y no puede relajarse ni dejar de preocuparse.  Especialmente ocurre este cuadro cuando estamos expuestas a situaciones de estrés severo de larga duración, sintiéndonos impotentes, sin tener herramientas de auto manejo. Padecer cáncer y estar bajo tratamientos agresivos para combatir la enfermedad puede ser un detonante de cuadros de ansiedad y "alerta roja".
Los síntomas físicos para los cuales no se encuentra causa orgánica son: 
- Tensión muscular, dolores de cabeza y de espalda; 
- Problemas estomacales, dificultad al tragar, boca seca; 
- Latidos fuertes del corazón, mareos, temblores; 
- Cansancio y fatiga inusitada; 
- Sentimientos de impotencia, nerviosismo, irritabilidad; 
- Dificultad para concentrarse y 
- Alteraciones del sueño. 
Nuevas investigaciones nos presentan una relación estrecha entre la ansiedad y la depresión. Todas nosotras pasamos por episodios de estrés, en mayor o menor grado. Es el precio de estar vivas y luchar por la recuperación de nuestra salud. El estrés se convierte en problema cuando nos sentimos demasiado amenazadas por los resultados. Nuestro cerebro responde instintivamente con la respuesta química de "huída-pelea alerta roja", tensando todo nuestro sistema.
En este estado, el estrés es debilitante y afecta al sistema inmunológico y somos más vulnerables a toda enfermedad. Por eso es tan importante tener conductas de auto cuidado emocional. Hay que romper este patrón habitual de vivir con una respuesta química primitiva de sobre-vivencia, producida por unos pensamientos y emociones distorsionados por la inseguridad. La evaluación cognitiva en nuestro cerebro relaciona los eventos de estrés con situaciones anteriores de "peligro". La predisposición genética de uso y costumbre responde con la ansiedad-angustia seguida por la depresión-impotencia.
Las experiencias traumáticas tempranas en nuestras vidas incrementan el riesgo de que el estrés se convierta en algo más. Con prácticas de relajación podemos evitar que las emociones dicten nuestro destino. Conscientemente nos hemos trazado una meta: conectar con autoestima -la sabiduría del alma. Vale la pena escoger el camino de la responsabilidad personal. Nuestra salud, felicidad y misión trascendental están en ese compromiso de conocernos y evolucionar más allá de nuestra biología y aprendizaje limitado. En un contacto íntimo con nosotras mismas encontraremos discernimiento, iluminación, consuelo, fortaleza y esperanza.

Texto escrito por Maribel con adaptaciones de María Guadalupe

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